BETO RAMIREZ, ANDINISTA DE QUITO ECUADORBETO RAMIREZ, ANDINISTA DE QUITO ECUADOR
 Chogori2010 Chogori2010
miércoles 9 de febrero de 2011, 02:02:08

Tipo de Entrada: RELATO | 3475 visitas

CONCLUSIONES DESPUES DE HABER SUFRIDO UN FUERTE EDEMA CEREBRAL, EN EL CERRO ACONCAGUA. SINTOMAS PREVIOS, TRATAMIENTO CONSECUENCIAS Y RESULTADOS DESPUES DE UN AÑO.

Hola diario de expediciones, que te contaré, ha pasado un año de aquella mañana trágica en la que me vi seriamente afectado por el mal de altura. Uno como escalador nunca piensa que te va a pasar, siempre se estima que aquel escalador, tuvo el problema por falta de entrenamiento, porque la altura no le sienta bien, porque le falto entereza o simplemente porque es, o fue un descuidado, en fin; a todos les puede pasar  y de hecho les pasa, pero a uno nunca. Esa no es una posibilidad. Si fuera así, no todos nos aventuráramos o al menos lo pensaríamos un poco más en adentrarnos en las fauces, si, pero bellas y sonrientes de los cerros de altura.

 

Lo primero que me viene a la mente es el de encontrarme sentado al lado, en el Refugio Independencia, captando el primer malestar: Un síntoma aun desconocido para mi, esa primera vez, aquel mareo, esta parte de la montaña que daba vueltas, como si uno fuera una cámara que gira rápidamente para obtener una vista panorámica de 360 grados, pero muy rápida.

Aquella sensación de vértigo, extraña, diferente a la normal. Pensé en un amigo que un año atrás, cuando vi los síntomas del edema cerebral por primera vez, y pude socorrerle. En ese mismo instante, sabía lo que me estaba pasando. Y comparé, y me dije a mi mismo que no era para tanto, que podía seguir.

Ya de regreso, en la cueva, nuevamente el mareo, pero mucho mas intenso: La montaña que daba vueltas y vueltas sin parar. Todo fue súbito, el vértigo que crecía en forma incontrolable, el miedo, el terror a la muerte, el pánico al resbalón, al paso descuidado, al tropezón. La incertidumbre de saber si me puse bien o mal los crampones. El momento mas bravo de mi escalada en solitario, contemplar mi vida y luchar por un futuro incierto.

También ese frío extremo en los pies, los dedos, si todos los dedos de las manos y los pies, veo mi GPS y registra -35 centígrados. Continuo desciendo, marqué invertir ruta, me siento confundido.

Un amigo caritativo me señala desde la distancia la izquierda, para no equivocarme y bajar por Polacos hacia mi muerte. No entiendo las señales de cambio de ruta, los waypoints resultan confusos, mi cerebro simplemente no entiende, decido poner en el interior de la mochila al GPS me confunde demasiado.

En mi reducida mente intento encontrar Berlín, mi carpa; confundo el camino, me encuentro con un abismo, vuelvo, regreso, continuo, llego a Cólera. Sigo recto, no encuentro como bajar, nadie se apiada y me indica por donde.

Al fin camino a mi carpa, no tengo con quien hablar, está vacía, llevo ya 13 días en compañía de mi mismo, quien podrá ayudarme, que pasará si no amanece para mí; entro en paz conmigo mismo y me entrego a Dios y al Dex, mi pierna siente el dolor de la inyección. En la madrugada neva, y me levanto dos veces a sacarla del techo de la carpa, siento temor de morir aplastado.

Solo supe que viví al amanecer, una nueva vida, se que será diferente. Mis manos tienen mucho frio me duele, el dolor en los pies es infernal, decido cambiar de medias y revisar mis pies, oh desgracia, están negros especialmente uno, pienso que es el final de éste y de los otros lo sabré después. Soy consciente de mi edema cerebral y del congelamiento en los dedos de los pies, las medias son cristales de hielo. Esta expedición fue una locura. La tragedia me pasó, me sucedió a mí, resulté ser tan descuidado y poco preparado como los otros escaladores que han sufrido percances y eventualidades.

En las aguas termales cerca de Mendoza, soporto apenas 5 minutos el contacto con el agua, espero a llegar al hostel, el dolor en los dedos es muy fuerte, los contemplo con asombro, veo como los dedos están hinchados, un poco amorfos, pero al menos ya solo están ennegrecidos cuatro de diez y esto me hace albergar esperanzas. Lo único que espero es llegar a Quito, para hacerme atender en mi ciudad, mi país, con mi gente. Me siento totalmente inseguro de tratarme en el buen hospital de la Ciudad, tal vez pierda el avión pienso, tal vez me los quieran quitar antes de tiempo.

El tratamiento ya en Quito, resulto doloroso, febrero, marzo, abril y mayo en casa, y la penosa rutina: De la casa al hospital, o de la casa a la consulta con el profesional, o de la casa al tratamiento de los pies, doloroso. Es muy curioso, se han quemado los capilares por el frio, no existe sensibilidad en los dedos. La especialista cardiovascular me asegura que en un año los volveré a sentir, pero el tratamiento resultó, no me los amputaron, existe un mínimo de circulación, y que fue suficiente. El edema cerebral me produjo también un tremendo edema pulmonar, fibrosis pulmonar, caminar al baño es un verdadero martirio, si estuve cerca a la muerte lo estuve durante cinco meses. Cada noche no sabía si existiría un mañana, simplemente no lo sabía.

Al fin en junio reinicio mi vida laboral, empiezo nuevamente a trabajar para el Estado Ecuatoriano, voy de tumbo en tumbo, no tomo las decisiones correctas, invierto demasiado, hago malas contrataciones, pierdo dinero, pierdo dinero. Intento no cometer torpezas pero estas siguen.

Septiembre 23, dejo de fumar, mi pensamiento es mucho más claro, ya no tengo flema, la tos me abandonó; el síndrome de abstinencia cada vez se debilita. Mis errores laborales son el pan de cada día, pero no me cansó de persistir.

Ya para noviembre, finalmente me encuentro en el máximo de mis capacidades, empiezo a levantar y a continuar mejorando, ya para esta época he subido a pequeños cerros, mi máxima proeza el Ruco Pichincha, en solitario como siempre de 4800 msn. En diciembre subo al Chimborazo, al segundo refugio 5000 msn, sin problemas, asciendo mas, duermo a 5100, me despierto sin problema, aclimatado, asciendo a 5200, y aquí a esta altura, la magia termina, la ilusión se desploma, vuelvo a sentir nuevamente los síntomas de edema cerebral.

Si Quito esta a 2.800 y aclimatarme me costó muchísimo, sí, en la ciudad en la que nací. Subir a 3200 fue casi una locura, durante todo el segundo semestre del 2010 intente ganar altura y mi tope es  de 5.200, se acabo.

Tengo que seguir intentando, cual es la conclusión, simple: Si por desgracia te da un edema cerebral siempre tendrás probabilidad de uno nuevo, te quedas sensible y tu vida nunca será la misma.

Mis dedos son sensibles y mucho al agua. Tengo, creo una mayor tolerancia a los fríos de 0 grados sin problema, pero siempre está latente; puede volver: se me pueden congelar y finalmente me los quitarán.

También se que al menos que sea un daño permanente y totalmente imposibilitante, la adicción a la montaña continuará y seguiré luchando por subir, con la conciencia plena, de que ciertamente puede volver a suceder y tal vez no corra con tanta gracia.

 

Quito, 08 de febrero del 2011

 

 

Beto Ramírez



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